¡Cómo pasa el tiempo! Antes, siempre que tenía que decir mi nombre, lo hacía en voz bajita, para que no me oyera casi nadie. Mi interlocutor lo repetía siempre en voz alta, ¡me cago en la mar!, para mi sonrojo, y siempre, siempre, me preguntaban si sabía cantar. Maldita la gracia que me hacía la preguntita. Yo, queriendo siempre pasar inadvertida, y qué sonrojo y qué mala leche se me ponía. Bueno, pues ya no me pasa. Hace mucho, ahora que lo pienso. Eso es porque los interlocutores de las filas se jubilan o mueren, en fin...un alivio. Lo siento, pero para mí es un alivio que ya no me pregunten si sé cantar. Y me gusta cantar, eh, pero en la intimidad. Es lo que tiene llamarse como una gran cupletista: Celia Gámez. La siguiente pregunta era: ¿sois familia?. Entonces yo ya estaba roja como una ciruela roja y me quedaba muda. Luego, preguntaba en casa a mi padre si de verdad éramos familia de esa señora cupletista. Y mi padre volvía a contarme la historia de cómo un tío abuelo suyo emigr...
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Yo no soy la cupletista
Tengo un oido finísimo, físico e inmaterial, pero no canto muy bien. Ya me gustaría a mí.